Tavillon

El 'tavillon' o tejuela de madera – oficio ancestral y tradición viva

La cubierta lisa de escamas de madera que reviste muchos tejados forma parte del patrimonio construido de Suiza. Una técnica que se transmite oralmente de generación en generación.

Dondequiera que vaya en Suiza, seguro verá una granja o un chalet, una casa de pueblo, un campanario o un monumento adornado con miles de tejas de madera conocidas en francés como "tavillons". Estas tejuelas tradicionales que se ven en los tejados y fachadas de todos los cantones suizos ofrecen una excelente protección contra el frío y la lluvia. También son prueba de la supervivencia de un antiguo oficio que sólo puede aprenderse bajo la tutela de un maestro artesano.

Tavillon

De las piedras a los clavos

Debido a que la técnica se transmite entre individuos y se perfecciona en el trabajo, hay variaciones regionales en la forma en que se colocan las tablillas. Cada "tavillonneur" tiene su propio método. Dependiendo del grosor de la madera y de la técnica utilizada para colocarlas, las tablillas también son conocidas como "anseilles" o "bardeaux". Las tejuelas de madera varían en color desde el beige al plateado, y se destacan en el paisaje montañoso. Los tavillons se grababan para que sus dueños pudieran recuperarlos si soplaban fuertes vientos. El hierro necesario para hacer los clavos que ahora los mantienen en su lugar estaba fuera del alcance de la mayoría de las familias.

Lucien Carrel

Huellas del pasado y del futuro

Lucien Carrel, que se ocupa del mantenimiento de edificios protegidos desde 2007, aprendió parte de su oficio de Olivier Veuve, antiguo tavillonneur de La Forclaz (cantón del Valais).

Una vez que estoy en el techo sentado en mi "chaule" - un asiento que me permite sentarme derecho en un techo inclinado - tomo cuatro tavillons hechos de abeto y los abanico como un jugador de cartas antes de clavarlos uno por uno con mi martillo y debajo de un hacha para asegurarme que se coloquen de manera pareja.

Carrel es de Gruyère, en el cantón de Friburgo, donde en invierno obtiene la madera para las tejas que pone "como gajos de manzana en una tarta" en verano.

Lucien Carrel

Lo que más le agrada de la técnica ancestral, de la que se han encontrado rastros del período neolítico en Suiza, es tanto el respeto de la tradición como el uso de un recurso local. "Es un ciclo corto y de baja energía porque colocamos los tavillons a mano y hay poco desperdicio". Dependiendo de la dirección en la que se orienta y de su pendiente, un tejado renovado puede durar hasta cuarenta años. Según la tradición, el tavillonneur deja a su sucesor una "palabra de la tumba" que indica su nombre, la fecha y el clima de aquel día. "Siempre lo hago en un edificio al que le he tomado cariño."

Tavillon
 

Traducción de un artículo publicado originalmente en Le Temps en julio de 2020.